sábado, 6 de julio de 2013

Dadle a un hombre todo lo que desea, e inmediatamente pensará que ese todo ya no es todo!

Todos los seres humanos tenemos una tendencia natural a buscar la autorrealización, es decir, necesitamos encontrarnos como individuos para definir así el sentido de nuestra vida.
La salud también tiene sus síntomas: el optimismo, la alegría y la subjetiva sensación de ser feliz.
Son infelices  los que en lugar de enfrentarse a la realidad intentan huir de ella.
Son infelices lo que en vez de intentar poner su trabajo y su energía al servicio de superar un problema, los consagran a negar su existencia y sus circunstancias.
Son infelices los que, en lugar de aceptar el dolor de una frustración o de una pérdida, se llenan de sustitutos y escapismos para no pensar en ello.
Son infelices los que, por no aceptar que no puede ser queridos por todos, se inventan un personaje agradable y complaciente con las personas que los rodean.
Son infelices los que creen que su realización depende de lo que otros hagan o piensen.

Son infelices, finalmente, aquellos a los que nada les parece nunca suficiente.

A partir de la conciencia mayor de nuestras necesidades y prioridades, nos abocamos a resolverlas para llegar a la realización. Sin embargo, la vorágine del mundo occidental, especialmente en el entorno urbano, combinada con el cambio de algunos paradigmas, ha determinado que hoy no tengamos demasiadas oportunidades de ocuparnos sería y responsablemente de subir hasta la cúspide.
Comenzando por la distorsión de valores que nuestra sociedad promueve, aunque diga lo contrario, el florecimiento de personas que consuman y no se cuestionen, que tengan necesidad de esas cosas que el dinero puede conseguir y solo ellas, que reciban mensajes y mandatos pero en ningún caso  opinen sobre ellos (me acuerdo del mito de la caverna de Platón y un escalofrío recorre mi espalda). Esta alteración de las prioridades no solo relega sino que a veces hasta destruye el afán de ser mejores personas. Así a espiritualidad, el último y el más importante elemento de nuestra búsqueda de superación, queda postergada ad infinitum utilizando como argumento el soberbio menosprecio diletante de todo lo que no se puede tasar en dinero, poder o aplauso, olvidando el hombre su necesidad de encontrarse con sus aspectos más puros y esenciales.
El ser humano esta biológicamente programado para buscar sentido y plenitud a la vida…
Que la mera existencia no es suficiente.
Que estamos empujados por nuestra esencia a querer saber más.
Que llevamos en nuestros genes la obligación biológica de trascender nuestra realidad física
Que es necesario ser conscientes de que existe (siempre existe) un camino que nos conduce hacia un lugar más elevado
Que ese recorrido nos lleva a una vida mejor, aun en las mismas circunstancias en las que estamos
Que el camino espiritual no es ajeno a nosotros y que desde nuestro interior se insinúa siempre la necesidad de recorrerlo.
Que antes o después lo iniciamos.
Que quizá en algún momento lo menos importante nos impondrá su urgencia y nos llevará a abandonar transitoriamente el desafío, pero que siempre se puede regresar a él,  aun cuando ese retorno (si nos hemos alejado demasiado) pueda llegar a ser trabajoso y complicado.
El desarrollo personal de cada individuo, de cada familia, y de cada pueblo, esa misma búsqueda de superación y esa defensa de su camino espiritual, podrían ser por igual representados por aquel hilo de Ariadna que tan poéticamente describe Borges al relatarnos el mito de Teseo y su laberintico objetivo. El genial escritor nos habla de un hilo que tiene por lo menos cuatro hebras formando siempre parte de su trama: la Confianza, la Humildad, la Libertad y el Amor. Y agrego yo:
Confianza en mis recursos
Humildad para aprender de mi prójimo
Libertad para validar cada una de mis decisiones
Amor a la vida y a la verdad



lunes, 1 de julio de 2013

Cuerpo, alma y espíritu

Nuestras raíces primeras, tanto filosóficas como lingüísticas  nos unen a los griegos. Desde aquellos tiempos, las palabras cuerpo y alma se han utilizado para designar las dos instancias que supuesta mente constituyen el todo de cada ser humano; un binomio que, como una señal, las muestra algunas veces indisolublemente unidas, y otras tan separadas como opuestas. Más tarde se agregaría el concepto de espíritu como algo separado del alma (que para Platón lo incluía), y fue quedando reservado para englobar todos aquellos aspectos que, siendo internos y propios, no están ligados a lo terrenal, ni como materia ni como emoción, trascendiendo tanto el pensamiento de las personas como su conducta.

El cuerpo es, obviamente y como mínimo, un componente indispensable de nuestra vida terrenal, pero es además, según el concepto clásico, desde el primer aliento y hasta el último, la morada del alma. No es difícil concluir entonces que el cuerpo es igualmente indispensable para la exploración del plano espiritual.

Como sucede en cualquier recorrido por terrenos desconocidos, el camino es mas fácil si lo emprendemos con un cuerpo sano y fuerte, y para ellos es imprescindible aprender a tratarlo con respeto, cuidado y madurez. No hace falta tener un cuerpo trabajado durante horas y horas diarias para por ejemplo, poder meditar, pero una actividad corporal amparada en cualquier disciplina física, aunque se haga con otros parámetros y objetivos, puede ser uno de los pilares de una adecuada actitud reflexiva y merece mucho de nuestra atención y ocupación.

Una persona que maltrata su cuerpo es más su esclavo que su dueño, y eso no parece ser el mejor punto de partida si pensamos recorrer y explorar el plano espiritual.

Ejemplo; las personas demasiado racionales tienen la tendencia a inspirar utilizando casi con exclusividad la musculatura de la parte alta del tórax (como si quisieran respirar con la cabeza) forzando el trabajo de los músculos intercolestales y anulando el natural trabajo del diafragma. Esta respiración alta, al no permitir que los bronquios de la base de los pulmones se vacíen completamente, siempre deja atrapado en el pecho aire (llamado residual) que, al quedar retenido, nunca se renueva, ocasionando una insuficiente oxigenación sanguínea. Si esta situación se mantiene en el tiempo las complicaciones respiratorias pueden llegar a ser bastante graves y hasta irreversibles.

La respiración diafragmática en cambio, por su tipo de dinámica muscular, no sólo no genera aire muerto, sino que induce y mantiene la relajación del plexo solar.

Traigo esto a colación porque, si bien la respiración acontece estrictamente en el área del cuerpo, se interrelaciona y afecta sin duda al resto del todo que somos. Educar al cuerpo y la mente para que cada día dediquen tiempo a la respiración. La respiración adecuada podría, por sí sola, ser la ruta hacia la armonía entre el cuerpo y el espíritu.

-Cuando estas inspirando tienes que ser absolutamente consciente de que estas inspirando... Y cuando estás espirando tienes que ser absolutamente consciente de que estas espirando... Finalmente, cuándo estas en el tiempo medio, entre una espiración y una inspiración, tienes que ser absolutamente consciente de que no estás ni inspirando ni espirando.

Para muchas religiones el cuerpo no solo es un espacio sagrado, sino que además, "encarna" el elemento centra de la Unión del hombre con Dios. Dicho de otra forma, el cuerpo es una propiedad de lo divino dejada a nuestro cargo para que la cuidemos y consigamos que nos acompañe "toda la vida".


Hombres y mujeres de nuestro tiempo oscilamos con impunidad entre considerar al cuerpo una más de nuestras posesiones, como si se tratase de una prenda de vestir (lo llevo, me molesta, lo modifico, lo uso como carnada, como anzuelo o como reclamo), y pasar de él olímpicamente (lo olvido, lo lastimo, lo destruyo, lo menosprecio).
La ciencia médica tiene una cuota de culpa en esta alienada visión escindida de nuestro cuerpo pero hoy, afortunadamente, la medicina ha evolucionado, y se ha vuelto más integradora (medicina holística, unicista, ayurveda) y los médicos han aprendido a tratar a cada paciente como un todo interconectado. Asimismo, si bien una pequeña alteración funcional lastima menos al cuerpo que una grave enfermedad, la importancia que tiene su dolencia para la persona que padece el mal puede ser (y casi siempre es) exactamente la misma.
El hombre no es, pues, sólo cuerpo, es también la suma de sus pensamientos, sus recuerdos, sus sentimientos, sus proyectos y su manera de actuar en el mundo, aquello que Platón llamó el alma y que según él estaba prisionera en la cárcel del cuerpo.
Con el tiempo, el binomio cuerpo alma se volvió trilogía, cuando el concepto de espíritu necesito independizarse del alma, quizá para cobrar más fuerza y más vuelo.
Mirando y mirándome entendí que saber sumar cuerpo y alma era importante pero no suficiente. Comprendí que el alma, aunque incorpórea, permanece siempre ligada, un poco más o un poco menos, a las cosas cotidianas: los proyectos son ganas de llegar, de tener, de agradar; los sentimientos me acercan a algunos mientras me alejan de otros, los deseos me vinculan con la parte de un universo tangible, aún en mis sueños.
Sin embargo, la presencia de un alma en cada uno no era suficiente para comprender a las personas, de hecho no me alcanzaba siquiera para comenzar a explicarme a mí misma el misterioso sentido de la vida…. Debía haber algo más.

Nadie puede dejar de intuir que dentro del alma o por encima de ella, poco importa, debe haber una nueva estructura que contenga aquella esencia del hombre de la que hablaba Platón; su aspecto menos dependiente de la realidad fáctica, su fantasía más trascendente, su paz interior, su conexión esencial con lo supremo. A esa esencia me refiero cuando hablo de espiritualidad. Mientras aquella permanece ligada de alguna manera a lo humano, el espíritu es capaz de trascender esa humanidad. Si conectar con el alma es tocar la cima de la montaña, la llamada del espíritu es una invitación a seguir subiendo.



sábado, 29 de junio de 2013

Espiritualidad como experiencia práctica

Como todos sabemos, son muchos los que hablan de espiritualidad. Algunos intentan apropiarse de ella, otros se presentan como gurús que dicen conocer el único camino posible.

En mi experiencia cuanto mas complejos y sofisticados son los requisitos exigidos, mas errado es el camino. Por tanto, si nuestro objetivo es la búsqueda de la espiritualidad, lo mas sencillo y primario es ponerse a caminar, dispuestos a aprender mientras avanzamos.

En efecto, el camino de la espiritualidad es siempre una búsqueda, aunque, al decir de los que recorren, nadie sabe qué es exactamente lo que se busca, salvo alguna que otra respuesta a esas preguntas que resulta incómodo dejar sin contestar.

La búsqueda en cuestión...
  • es un camino sin metas pero con grandes satisfacciones.
  • es un recorrido sin mapas pero con un rumbo.
  • es un sendero único y personal pero abierto a todos;
  • es una ruta sin final pero que puede dejarse en cualquier momento;
  • es un viaje que algunas veces no es el resultado de una elección y que, a pesar de eso, está siempre lleno de decisiones.
Dos de los principios fundamentales de cualquier búsqueda iniciática: primero que cada paso constituye la base y el cimiento sobre lo que deberán apoyarse los siguientes, y segundo que todo apunte o referencia de una búsqueda como está sólo puede servir a quien lo hizo. Dicho de otra manera, que el recorrido solo podremos encararlo en persona y que no deberíamos prescindir de nada de lo aprendido antes.

viernes, 28 de junio de 2013

Espiritualidad recorrida en pleno siglo XXI

Las nuevas tecnologías, sumadas al obligado cuestionamiento de todos los viejos paradigmas, nos ponen y pondrán a las futuras generaciones ante hechos que ni siquiera se hubieran podido imaginar hace treinta o cuarenta años. Existen situaciones  enfrentamientos y hasta delitos (la pornografía infantil, la oferta de servicios de asesinatos por encargo o la invasión de la privacidad a través de internet, por poner solo algunos ejemplos), con los que todavía no se puede lidiar adecuadamente por que las leyes no contemplan la posibilidad de que algo así sea factible, y por que los mecanismos y los recursos de las fuerzas de seguridad no están aún capacitados para combatirlos. 

No es un tema menor recordar que esta generación es la que vio, efectivamente, por primera vez, la imagen de la Tierra desde el espacio. Un planeta pequeño, casi insignificante considerando el entorno universal, y en el que anida "la casa" de todas las formas de vida que conocemos. Un mundo que desde fuera parece uno solo, aunque desde dentro el hombre se empeñe en dividirlo en partecitas cada vez más pequeñas. Me gusta esa idea romántica que tantas veces eh escuchado: desde el espacio no se ven en la Tierra las fronteras entre los países., desde lejos todos somos uno.


Quizá eso explique y justifique el renovado interés de la sociedad por lo espiritual. Es como un intento de no apartarnos demasiado, de cuidar la humanidad mientras estemos a tiempo.
En los últimos años, se propone aquí y allá una espiritualidad que no sea patrimonio de algunos elegidos, sino transitable por todos. Una nueva dimensión de lo humano que nos ponga en el camino de terminar con el caos del miedo, de la violencia y de la expotacion del hombre por el hombre.

Una espiritualidad que me permito llamar la "humanista"  por que deberá hacer suyas algunas banderas del humanismo tal como hoy se lo entiende, considerando que el ser humano, mas allá de su raza, su religión, su cultura y su condición económica, educativa y social, su desarrollo, u progreso, su bienestar y sobre todo su vida, debe ser si excepciones el centro de toda tarea y el objetivo de todo estudio o inversión.

Una espiritualidad que se sostiene en la idea de que nuestras diferencias nos nutren y nos complementan, que trabaja por la libertad más absoluta de todos, que no admite la clasificación de los individuos en "Mejores" y "Peores", en "Los de arriba" y "Los de abajo", en "Los que mandan" y "Los que obedecen", especialmente por que pretende abrir los ojos a la humanidad a un mundo que dé valor a lo importante y no a lo superfluo.

El camino espiritual no es uno ni es único, y por tanto es imposible saber con certeza si tal o cual opción es acertada o equivocada. Yo lo puedo recorrer de una manera y tú de otra completamente distinta; uno puede ir hacia el norte y otro hacia el sur, y a pesar de ello terminar al final sentados a la misma mesa, por que el recorrido no esta trazado previamente y por que el secreto esta en el caminar y no en la dirección que se lleva, pues, ciertamente, el que busca un camino espiritual, ya lo ha encontrado.





Espiritualidad

Casi todos, en algún momento de nuestra vida, hemos transitado un periodo de confusión en todo lo realcionado con lo espiritual, potenciado por el caos comunicativo que significa ponerse a hablar de aquello que para algunos es un enigma, para otros una religión o una filosofía, y para otros incluso una especie de ciencia oculta.

Dejando claro desde el principio que cualquiera puede tener su propia postura (más aún en medio de esta falsa de acuerdos lingüísticos  me parece importante señalar que la mayor parte del tiempo hablamos de espiritualidad en el sentido de la relación de cada persona con el mundo de lo espiritual, entendiendo este mundo como la suma de los aspectos de cada uno que están mas allá de sus definiciones terrenales (nombre, edad, numero de credencial de identificación, posesiones y cargos), más allá de los logros y del éxito entre sus congéneres. El mundo de la relación de los individuos con lo intangible, con lo trascendente, con todo lo que sabemos o intuimos como fundamental con aquello que es lo esencial y lo más intimo de cada persona. 

Esta definición, que parece demasiado vaga o ambigua , es el resultado de mi primera intensión: transmitir un concepto neutro de espiritualidad, que pueda ser acordado por todos, para que luego cada cual le añada su aderezo personal, dándole la sustancia de la experiencia y el resultado de su exploración individual. Lo vivido es, como siempre, lo más útil, excepto, claro, cuando se intenta usarlo para justificar radicalismos "fundamentalistas" que nos terminen alejando de lo mas importante: la posibilidad de compartirlo con otros.

Por eso espero que el concepto de espiritualidad que transmitan mis palabras sea el mas simple que se pueda mostrar, lo más amplio que me sea posible y lo más despojado de toda creencia (religiosa o no) que sea capaz.
Intentaré elegir siempre las palabras más sencillas, los planteamientos menos rebuscados y las descripciones más simples., no las mas cómodas ni necesariamente las que mejor se adapten a mi propio gusto, no por fuerza las más cortas, ni obligatoriamente la que alguna mayoría ilustrada señale como las más adecuadas.

Espero que en este reto me ayude la certeza de estar recorriendo yo misma ese camino. El objetivo de esta exploración pretende descubrir la posibilidad de encontrar ese camino que desde la cima nos permite seguir subiendo (como los sufis definen la espiritualidad y la iluminación).

Libre albedrío

El libre albedrío nos da la posibilidad de aprender o no aprender., hacer el mal o hacer el bien., de amar y de privarnos del amor y hasta de querer vivir o no ( y no siempre no querer vivir es sinónimo de intentar suicidarse). 

Somos libres, y podemos utilizar esa libertad para mejorarnos como personas y mejorar el mundo a nuestro alrededor o todo lo contrario.

El Ser humano no es una cosa más entre otras cosas. El resto de las cosas se determinan unas a otras., pero el hombre, en última instancia, es su propio determinante. 

Lo que llegue a ser, dentro de los límites de sus facultades y de su entorno, lo tiene que construir por sí mismo.

lunes, 27 de mayo de 2013

Quiromancia que es?

La quiromancia o quiromancía1 es la adivinación a través de la lectura de las líneas de la mano. El término deriva del griego χείρ (khéir, "mano") y μαντεία (manteía, "adivinación"). Es una rama de la quirología y se centra en el estudio de las líneas y montes que se hallan en las palmas de las manos que, por medio de la observación, revelan supuestamente el perfil psicológico y fisiológico de una persona. Aunque suele ir íntimamente ligada a la adivinación y a las ciencias ocultas, siempre ha existido una cierta aceptación popular. Comúnmente, la práctica de la quiromancia se denomina leer la mano o leer las manos, aunque también se conoce como echarleer odecir la buenaventura.