domingo, 14 de junio de 2015

Garurasana Postura del Águila

Desde mi primera clase disfruté mucho esta postura, empezando por la sensación de llevar los brazos arriba de la cabeza y dejarlos caer para cruzarlos, sintiendo su peso, como si por un segundo mis brazos se convirtieran en dos alas grandes y hermosas, al momento siguiente se convierten en un par de cuerdas que se entrelazan y al poner las palmas juntas frente a mi nariz, ya es el pico de un águila. En un instante tanta trasformación, ¡me encanta!  como las águilas, como la vida, como lo que hace esta postura a tu cuerpo, a tu mente y a tu corazón.
Es una postura llena de beneficios. Ayuda al equilibrio. Es la única postura que abre las 14 articulaciones más grandes de tu cuerpo (7 de cada lado: tobillos, rodillas, caderas, hombros, codos, muñecas y escápulas), además mejora su flexibilidad. Fortalece y flexibiliza los músculos de las piernas, caderas, brazos, abdomen y espalda. Estimula la circulación sanguínea. Ayuda a llevar sangre fresca al sistema reproductivo, a los órganos sexuales y al riñón. Y por si fuera poco, también activa la vitalidad sexual.
Comienza parado con los pies juntos, mirándote en el espejo (recuerda que la preparación para cada postura es muy importante, de eso depende el resto de tu postura). Identifica cuál es tu brazo derecho y cual es el izquierdo para no confundirlos. Es importante que identifiques tus brazos antes de subirlos pues una vez que estén arriba los vas a dejar caer rápidamente. Brazos arriba de la cabeza por los lados, en cuanto las palmas se tocan dejas caer tus brazos hacia abajo por los lados y los cruzas a la altura de los codos, el codo izquierdo debe estar por arriba del derecho, esta es una parte complicada de la postura, especialmente para algunos hombres que al tener los músculos de los brazos muy desarrollados es difícil que al principio los puedan cruzar. También para aquellas mujeres a las que la naturaleza las ha favorecido mas que a mi. Pero con sólo tener tu codo izquierdo por arriba del derecho y empujar hacia abajo logras beneficios.
Cada momento de tu clase, en cada postura lo que quieres es dar el 100% de tu esfuerzo y de lo que tu cuerpo puede dar ese día para llevarte el 100% de los beneficios.  Llevas las palmas de las manos hacia fuera y vuelves a cruzar los brazos hasta que puedas poner tus palmas juntas o entrelazar tus dedos. Los dedos gordos van hacia tu cara y los dedos chiquitos hacia el espejo (es el pico del águila). En este punto de la postura tu objetivo es que las muñecas estén derechas, a la misma altura y la punta de los dedos de tus manos debajo de tu nariz. Algo que te ayuda si ya puedes poner tus palmas juntas, pero ni tus muñecas, ni tus dedos de las manos están a la misma altura, es seguir entrelazando los dedos hasta que se alineen. Lo que yo hago y me ha funcionado, es hacer el primer set con las manos entrelazadas y el segundo con las palmas juntas, pero siempre jalando los codos hacia abajo para que la punta de los dedos de mis manos estén por debajo de mi nariz.
Mantén tu concentración, mírate en el espejo. Siente como se abren las escápulas, hombros, codos y muñecas. Es importante mantener siempre empujando los codos hacia abajo pero manteniendo la espalda derecha, el pecho hacia atrás, esto te ayuda a llevar el peso de tu cuerpo ligeramente hacia tus talones, manteniendo las plantas de tus pies planas en el piso. Sin perder esta sensación, abdomen  adentro, dobla tus rodillas, baja tus caderas, como si te sentaras en una silla, siempre mantén la espalda derecha y empuja tus codos hacia el piso.
Deja las caderas abajo, lleva el peso de tu cuerpo a la pierna izquierda y levanta la pierna derecha alta sobre la pierna izquierda. A diferencia del movimiento para cruzar los brazos, al cruzar las piernas el movimiento es lento, controlado. El empeine de tu pie derecho esta tocando la pantorrilla izquierda, tus dos piernas se cruzan como cuerdas  ¡una razón mas para no dejar de traer shorts a clase!     
Aprovecha el sudor, eso te ayuda a resbalar, no debe quedar ningún espacio entre una pierna y otra.  El dedo gordo de tu pie se atora con la parte baja de la pantorrilla casi en el tobillo. Aprieta tus rodillas, rodilla derecha hacia la derecha y la rodilla de la pierna de apoyo, hacia la izquierda. Al mismo tiempo que juntas tus rodillas también llevas tus piernas hacia la derecha, para que tus rodillas estén arriba de tus pies y tus dos caderas estén alineadas en el espejo. Simultáneamente llevas la parte alta de tu cuerpo hacia la izquierda, para que tus codos estén arriba de tus rodillas. Nunca dejas de empujar tus codos hacia el piso y la espalda derecha (creo que ya lo había dicho pero así de importante es). Baja tus caderas cada vez más y aprietas las piernas. Todo está comprimido, lo que sucede es que impides que la sangre pase libremente por tus brazos, piernas y articulaciones, y en el momento de soltar la magia sucede, sangre nueva pasa con fuerza por todo tu cuerpo.


Es una postura rara, aparentemente difícil, es la única postura en la que no hay descanso entre un set y otro; le pides  a tu cuerpo cosas extrañas: torcer, apretar, estirar, comprimirlo todo y a la vez alinearlo. Sólo: mírate en el espejo, respira, escucha el diálogo, deja salir a la sabiduría de tu cuerpo, inténtalo una, mil veces y un día vas a estar mirándote en el espejo siendo un águila.

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