Cuando hace muchísimos años comenzaba con mis indagaciones sobre las sendas de autoconocimiento, al habla con un yogui indio le comenté si no sería sumamente
interesante configurar un cuerpo de enseñanzas que contuviera todos los aspectos y
métodos para el autodesarrollo, así como enseñanzas metafísicas y espirituales, medicina natural y ciencia de la salud, procedimientos de autoconocimiento y evolución de la conciencia, y claves para el crecimiento interior. Desde mi ingenuidad yo creía estar haciendo una proposición original y brillante, pero el yogui repuso, seguramente un poco extrañado pero indulgente: «Pero eso es precisamente el yoga».
Y cuando en los años sucesivos comencé a indagar a fondo en las enseñanzas yóguicas descubrí, efectivamente, que eso y mucho más es el yoga y que por ello no es de extrañar que sus métodos hayan sido incorporados a innumerables sistemas filosófico-religiosos ya muchas psicologías de la realización. De ahí que cuando uno de mis alumnos pregunta: «¿Cuál es el alcance del yoga», le responda: «El que tú quieras obtener».
Entre los numerosos frutos de ese gran árbol que es el yoga, cada persona tomará los que le sean convenientes. Del mismo modo que el sabio hindú Ramana Maharshi declaraba: «Si sólo tomas un cubo de agua del océano, no te quejes de que este es avaro», podemos decir que del océano del yoga podemos tomar uno o muchos cubos, según las aspiraciones de cada practicante. Aunque el yoga es en su médula una técnica de autorrealización, cada día es mayor el número de personas que acuden a él para utilizar sus métodos psicosomáticos como herramientas de salud física y mental o como técnicas preventivas, terapéuticas o de recuperación.
Así, hay personas que se acercan al yoga con motivaciones de trascendencia o espirituales, pero otras que lo hacen para poder ayudarse física o psíquicamente mediante sus fiables técnicas de mejoramiento.

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